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LA DERECHA Y LA ECOLOGÍA Noviembre 27, 2009

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LA DERECHA Y LA ECOLOGÍA

 La modernidad progresista ha roto la relación entre la naturaleza y el hombre. Cuando el entorno perdió toda riqueza simbólica  y espiritual para convertirse en una dimensión utilitaria, nos encaminamos paradójicamente a una existencia más pobre.

 

En este nuevo video producido por Formaciones analizaremos cómo la ecología de derechas se desprende del discurso oficial en el que la izquierda no hace más que alimentar la contradictoria idea de un mundo donde la felicidad es material, a la vez de promover un discurso apocalíptico.

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ENTREVISTA A ALAIN De BENOIST Noviembre 24, 2009

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ENTREVISTA  a ALAIN De BENOIST

 

Hemos encontrado y subtitulado al español esta entrevista realizada en el año 2003 al pensador francés Alain de Benoist. En ella analiza las repercusiones políticas y culturales que se iban a desencadenar en torno al inminente conflicto bélico de Irak y Afganistán, la crisis del mundo occidental con el Islam, la hegemonía del One World y otros flagelos del mundo actual.

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CINE DE DERECHAS- SEGUNDA ENTREGA Noviembre 22, 2009

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CINE DE DERECHAS-  SEGUNDA ENTREGA

 

CHILDREN OF GLORY

GERMÁN SAINZ

 

En cuanto a séptimo arte se refiere los últimos años han visto el surgimiento de una interesante lista de películas revisionistas y de profundo compromiso político en muchos países europeos, generándonos la esperanza de que no todo estaría perdido. Ha llamado la atención de muchos críticos la producción de cierto cine anticomunista alemán como son el caso de la “Good bye Lenin”  (2003) o la galardonada “La vida de los otros” (2007), ganadora en ese mismo año del Oscar a mejor película extranjera.

Pero ha sido la Europa del este  y los otrora países del ex bloque soviético los que hanmarcado un rumbo cinematográfico claramente disidente y comprometido. El ejemplo de la húngara “Children of Glory” (2007) dirigida por el polémico  Kisztina Goda es un ejemplo de contundente denuncia histórica que más allá de narrar un evento concreto de la nación del centro europeo, revela que otro cine es posible ante la hegemonía y la censura de la izquierda en todos los campos artísticos de la actualidad.

La trama del film transcurre en la convulsionada Budapest de 1956 en la que  una joven estrella de waterpolo olímpico, Karcsi, (Iván Fenyo) se verá involucrado en la heroica resistencia nacional de la Revolución Húngara contra la invasión soviética en su país.

Esta historia se desarrollará en buena medida tras las barricadas estudiantiles y populares de toda la capital en el transcurso de los dieciocho días de enfrentamientos que tuvieron lugar en ese año crucial para la nación europea. En tanto la líder estudiantil universitaria Viki, (Kata Dobó) gana el corazón de Karcsi al demostrarle la entrega ciega a la causa revolucionaria y nacional, juntos irán tejiendo una historia de amor en tanto los levantamientos y enfrentamientos bélicos ganan la trama del film. Hasta ahí, una propuesta que si bien presenta poca novedad en su guión general – una historia de amor, la guerra fortaleciendo los lazos emocionales entre los involucrados en la historia y la aventura que conlleva la resistencia – la película compensa con creces desde  la perspectiva histórica con un mensaje sumamente comprometido y claro desde el punto de vista ideológico.

La cinta, lejos de plantear el trillado anticomunismo de antología nos muestra lo que fue la verdadera cara del terror estalinista, aun vivo en el recuerdo de las sufridas naciones del centro y este europeos. La historia no escatima en escenas de suma crudeza en la que la siniestra Államvédelmi Hatóság (policía política húngara) y el control del estado se muestran en su verdadera naturaleza, como lo ilustra la brutal devastación de los tanques rusos sobre la ciudad y la población civil. Por otra parte no hay en la cinta ningún dejo de corrección política, en la que incluso los castigos ejemplares de los revolucionarios nacionalistas contra los ocupantes se muestran sin temor o censura.  

La película ha sido muy bien lograda sin envidiarle nada a las producciones hollywoodenses del momento en cuanto a acción y logro de efectos especiales se refiere. Pero a su vez el film guarda sumo cuidado en mostrar su claro distanciamiento del trillado mensaje al que estamos acostumbrados en el que los Estados Unidos subyacen en algún momento de la trama como el adalid de la libertad encarnada frente a la égida de todo sistema opresivo. Por el contrario, la película deja traslucir claramente que durante el desarrollo de los acontecimientos, la libertad del pueblo húngaro depende de su sola voluntad de sacrificio y que nada podrá esperarse del Tío Sam salvo la neutralidad pasiva que demostró en todos los conflictos que se desarrollaron en la zona de influencia del bloque comunista.

El desenlace de la historia nos deja una sensación de emociones cruzadas, en el que la injusticia y la gloria se mezclan de forma trágica y heroica para remarcar el verdadero tenor de los acontecimientos ocurridos.

Es que Children of Glory retrata de forma fidedigna y sin prejuicios la traumática y a la vez heroica experiencia de un pueblo que ha ganado el derecho y el deber de contar su propia historia. En el presente, Hungría lidera con orgullo la lista de ex naciones soviéticas que han enfrentado el presente refrescando al mundo un pasado reciente que aún debe negarse a morir bajo el silencio cómplice de la historia oficial.  Por tanto ahí es donde radica la mayor riqueza y originalidad de esta producción que nos invita a profundizar un poco más en la convulsionada peripecia de la Europa del este, y la reciente tragedia de un continente marcado por el horror del  que mucho queda aún por decir y recordar.

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“INTOLERANTES AUTORITARIOS” Noviembre 18, 2009

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“INTOLERANTES AUTORITARIOS”

 

GERARDO DE OSCAR

 

 

Como no podía ser de otra manera la fórmula progresista se ha comprometido a aprobar un proyecto de ley que despenalice el aborto en un eventual gobierno. Un grupúsculo de mujeres de las típicas organizaciones que, con absoluta liviandad y sin sombra de dudas, poseen la iluminación para saber que un embrión o feto humano no es individuo humano. Y cuando se constituye la substancia humana y la personeidad, por lo tanto, para ellas matar o poner en condiciones de muerte a esa “cosa con forma humana” pero que no es un ser humano es legítimo y da lo mismo si constituye un acto contrario a algún arquetipo humanitario.

 

El colmo del relativismo, pero que la pandilla progre está dispuesta a acoger sin ningún debate. Según la dirigente abortista Lilian Abracinskas, célebre por la laxitud de sus argumentos y el abuso de la perorata progre, la oposición al aborto está influenciada por la religión, sobre todo la católica, y eso impide el debate racional del tema. Pero no es así, esa es un punto de vista miope y artero, los múltiples y robustos argumentos en contra de esta práctica provienen no solo de la teología judeocristiana, sino también desde la jurisprudencia, la ética, la bioética, la ciencia, la filosofía moral, la ética médica, entre otras.

 

Dice Lilian Abracinskas que la oposición al aborto se origina “en el sector que manifiesta los mayores niveles de intolerancia y que ejerce su poder de manera autoritaria”, y que el aborto es ilegal porque “para algunos es inmoral que las mujeres aborten”. Vaya forma cómoda de resolver el problema, pero que facilismo intelectual la de esta señora, eso se traduce a “ los que tienen razones para creer que el aborto es un crimen porque elimina a un supuesto individuo humano en gestación ,que en realidad es una cosa que no es humana, inocente e incapaz de defenderse son intolerantes”. ¿Quien es más intolerante? ¿Los que están convencidos (no importa si por razones jurídicas, teológicas, filosóficas, morales, éticas o científicas) que el individuo humano y la personeidad ser constituye desde la concepción y por lo tanto interrumpir su desarrollo es un crimen? ¿Los que ante la duda de esto toman la postura moral de no apoyar el aborto, o aquellos relativistas-progre iluminados que deciden que da igual si “eso” que está en los vientres de algunas mujeres es o no un individuo humano y por lo tanto hay que matarlo para solucionarle el “problemilla” a aquellas mujeres ingenuas que no saben como se evita un embarazo?”

 

 Me alineo con los defensores de la vida desde su concepción, ya sean religiosos o humanistas seculares, y no creo que defender los derechos inalienables del individuo humano (incluso de aquel que está gestándose) sea imponer con intolerancia valores a nadie, creo que debe haber debate, análisis exhaustivo, legislación con referencia a estos asuntos , sobre todo los casos especiales de violación, la interrupción terapéutica del embarazo en los casos de que exista compromiso vital o de la salud de la madre o inviabilidad de la sobrevivencia del feto o embrión. Debe haber mayor educación sexual, apoyo de entidades públicas y privadas a las mujeres embarazadas que no desean un hijo y el fomento de la adopción. No me extraña que con el correr del tiempo, con la sucesión de gobiernos progresistas y al ritmo del deterioro de los valores humanitarios de nuestra sociedad, los que creemos en el milagro sacro de la vida, los humanistas a ultranza, los que albergamos sentimientos de compasión y misericordia incluso para un individuo humano en gestación, seamos una minoría, una “chusma de intolerantes autoritarios”.

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LA DERECHA ANTIGLOBALISTA Noviembre 16, 2009

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LA DERECHA ANTIGLOBALISTA

 

Video producido por Formaciones.wordpress. En el mundo actual existe una sola forma de oponerse a la hegemonia materialista y homogeneizadora del mundo: la derecha.

 

 

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TERMINAR CON LA IMPUNIDAD Noviembre 15, 2009

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TERMINAR CON LA IMPUNIDAD 

 

DIEGO M. PEREIRA

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Los festejos por el XX aniversario de la caída del muro de Berlín se centraron, más que nada, en lo que dicho acontecimiento histórico inauguró. Así entonces, bajo el slogan de “La fiesta de la libertad” se celebró, ante todo, “el principio de un mundo sin confrontaciones ideológicas” o “la unión de un pueblo largamente dividido”. Pero lamentablemente, poca o ninguna referencia se hizo a lo que ese memorable 9 de noviembre dio por culminado.

 

Por encima de todas las cosas, más que el principio de algo, la caída del muro de la vergüenza significó el fin de algo. El fin de la preponderancia, en gran parte de nuestro planeta, de la ideología más abominable que jamás haya conocido el género humano: la ideología comunista, responsable –ni más ni menos– del genocidio de 100 millones personas, el más grande y monstruoso que registra la historia humana.

 

¿Por qué razón se le ha restado ha este hecho –ya desde hace tiempo– la importancia que merece? ¿Por qué los crímenes del comunismo –más que comprobados– se mantienen impunes?  ¿Por qué no han recibido, por parte de la sociedad, una categórica condena moral? Son muchas las razones que se pueden dar para responder estas y otras muchas preguntas similares, pero existe un fenómeno general que puede englobar la mayoría de esas razones: la Hegemonía Cultural de Izquierda

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Ya desde hace unas cuantas décadas, el mundo occidental vive sumido en una atmósfera intelectual controlada casi exclusivamente por la izquierda. Siguiendo las premisas de Antonio Gramsci, intelectuales y artistas vinculados a la izquierda han logrado de manera exitosa copar casi todos los espacios culturales de la sociedad.

 

No hay nada de pernicioso, desleal o conspirativo en esto, por el contrario, es un trabajo admirable, esforzado y bien hecho. Pero que lamentablemente, ha traído algunos perjuicios, que por otro lado, se deben menos a la acción de la izquierda, que a la omisión por parte de la derecha.

 

Veamos un ejemplo:

 

Hoy en día debemos agradecerle a la acción cultural de la izquierda por la contundente condena moral que existe en nuestra sociedad con respecto al nacionalsocialismo. Sin lugar a dudas, la gran proliferación de novelas, ensayos, investigaciones, museos, películas, documentales, obras de teatro, comics, dibujos animados y hasta de canciones  sobre lo que fue esa gran tragedia para la humanidad, han contribuido a que la sola contemplación de una svástica o de la imagen de Hitler, produzca un inmediato rechazo. Más allá de los aberrantes crímenes del nazismo, fue gracias a la labor incansable de los intelectuales de izquierda que hoy todo el mundo condena sin miramientos esa etapa oscura de nuestra historia.

 

Ahora bien, el comunismo persiguió, torturo y exterminó un número muchísimo mayor de inocentes, y empleó además –y aun emplea– técnicas tan o más siniestras que las empleadas por los nazis, y sin embargo, ni la hoz y el martillo, ni los rostros de Lenin, Stalin o Mao –por nombrar sólo tres– nos produce la repulsión y la indignación que nos producen otros personajes históricos.

 

Es obvio que la izquierda no va a condenar las aberraciones que ha generado su propio pensamiento, y mientras nadie le dispute su hegemonía cultural los crímenes del comunismo seguirán impunes. Es nuestra responsabilidad entonces, ponerle fin a la impunidad.

 

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ALBERTO BUELA- CULTURA POPULAR VS CULTURA VULGAR Noviembre 11, 2009

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ALBERTO BUELA- CULTURA POPULAR VS CULTURA VULGAR

Nuevo video producido por Formaciones.wordpress.com basado en la obra de Alberto Buela. Cuando se acentúa el funesto divorcio entre el arte y la cultura popular y la erudita, sucede fatalmente que lo popular degenera en vulgar; y la erudición en pedantería.

 

 

 

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LA IZQUIERDA, LA DERECHA Y LA CUESTIÓN NACIONAL Noviembre 9, 2009

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LA IZQUIERDA, LA DERECHA Y LA CUESTIÓN NACIONAL

 

DIEGO DIAZ – GERMAN SAINZ

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Partiendo de la base de que es posible ubicar dos grandes familias ideológicas posicionadas a la izquierda del pensamiento y a la derecha respectivamente, observamos que ambas participan de ciertos posicionamientos frente a la que denominamos “la cuestión nacional”. Ambas categorías tienen algo que decir del sentimiento nacional, de las aspiraciones que poseemos como grupo homogéneo e indisoluble con carácter propio.

Pero si observamos más detenidamente a la familia de la derecha, podremos observar que el contenido nacionalista ocupa un lugar de preponderancia, una pauta de primer orden. Pero aún más, cuanto más hacia la derecha se corren las ideas, el nacionalismo deja de ser un componente de importancia para convertirse en un fin en sí mismo. La Patria, los símbolos y ritos patrios y los consiguientes fundadores nacionales, son el sustrato que da vida y razón histórica de ser, a la derecha ideológica.

El nacionalismo ha sido la gran bandera movilizadora de las derechas, generándose una simbiosis clara entre lo que es la defensa de lo nuestro y las ideas “antinacionales” (llámese internacionalismo, cosmopolitismo, etc.).

EL NUEVO PANORAMA MUNDIAL

Es solo a partir del fin de la segunda guerra mundial que las izquierdas occidentales le prestan atención al fenómeno del nacionalismo y el sentimiento nacional: el fin de los Imperios europeos significó la existencia de numerosos pueblos que vivan un proceso de construcción nacional, y las izquierdas encontraron allí a un actor hasta ahora denostado y ninguneado por ellas; como era el nacionalismo, y empezaron hablar de “socialismo nacional”, o “liberación nacional”, dentro de una lógica materialista e igualitarista.

La hegemonía cultural de las izquierdas hizo el resto: a pesar que estas “izquierdas nacionales” nunca consideraran como absolutos los valores relativos a un pueblo, y que el único consenso a perpetuar sea que no haya cierto consenso cultural en nuestras sociedades, las izquierdas han competido por el “ideario nacional”, y el “nacionalismo”; y hemos visto la irracionalidad de los “regionalismos socialistas”. Como diría Alain de Benoist, “No es posible arraigar en el desarraigo, la “Internacional” es la “Internacional”, aunque se toque con gaita bretona”. Más allá de ello, y de lo legítimo del uso del nacionalismo por las izquierdas, la realidad nos dice hoy que no es un patrimonio visible de las derechas, solamente.

En la segunda mitad del siglo XX incluso, con la vigencia de la bipolaridad, se podía establecer la idea de que frente al peligro de la desintegración nacional en manos del comunismo, estaban las ideas nacionales, como un factor ideológico que podría hacer frente a otra filosofía acabada  y coherente que representaba el marxismo.

¿Pero que ha sucedido en estos últimos decenios?

Entrado el siglo XXI y la vigencia del One World, desmantelada de Unión Soviética y avizorándose cambios fundamentales en el mapa mundial, las posiciones también han terminado por modificarse. Escuchamos hasta el cansancio las consignas de “consumamos lo nuestro”, “primero lo nacional”, “que lindo es ser uruguayo”, y una larga lista de frases que han llevado a establecer sin duda alguna, un resurgimiento del sentir nacional, de defensa de códigos particulares, simbolismos y ritos folclóricos que hacen a la identidad nacional.

El fenómeno es mundial y todos los días observamos el asentamientos de estas ideas identitarias tanto en nuestra América como en el resto del planeta.

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NACIONALISMO Y HOMOGENEIZACIÓN

El famoso antropólogo francés Ernest Gellner, uno de los grandes teóricos modernos del nacionalismo, señalaba que las naciones no son concebibles sin el establecimiento de una cierta forma de homogenización social de una población, marcada por la alfabetización generalizada y un sistema educativo global protegido por un Estado. Es ahí cuando tenemos un nacionalismo mínimo, de tipo “Moderno”, variando de un lugar a otro las formas específicas (conjunto de valores comunes, simbolismos compartidos, etc.) en que esta homogenización cultural se vaya gestando.

Resumiendo, podemos concebir una población que forme parte de un destino común bajo valores específicos y estos estar a la izquierda del pensamiento, lo que vale decir, se puede ser hoy nacionalista e izquierdista a la vez. Atribuirle únicamente a la derecha la potestad de sentir el orgullo nacional es ilógico. Pues como reflexionara un teórico español contemporáneo – “Al fin de cuentas, la nación y la patria son cosas de todos. Si se convierten en bandera de una parte, mal asunto”.

 

Entonces cabe preguntarse ¿En que vereda del espectro ideológico radica hoy el discurso nacional en nuestros países? ¿A la izquierda o a la derecha? Creemos que la pregunta se contesta por sí sola. Si el nacionalismo comienza desde la misma alfabetización (educación) y el Estado posee al decir de Gellner, el monopolio de la legítima educación antes que la legítima violencia, debemos preguntarnos quienes educan a los ciudadanos de nuestros estados-nación. Y no solamente ello, preguntarnos por quiénes detentan el resto de los códigos culturales como ser arte, producción intelectual y control de la mass media que diariamente integran los “deber ser” de un pueblo. Así es estimado lector, hemos llegado a la misma conclusión: la izquierda. La Hegemonía Cultural genera también, sentir nacional, aunque este no sea de nuestro agrado.

¿Aún le cuesta creerlo? Preguntémosle a un connacional de izquierdas si al encomendar su voto lo hace por un profundo desprecio a la Patria, ya que se parte generalmente de la base que no se puede ser de izquierdas y amar lo nacional. Pensar que la mitad de los uruguayos son apátridas, sería pensar que es de por sí ya milagrosa la existencia misma de Uruguay en la actualidad. Así, es seguro que aún haya nacionalistas en otras partes del espectro ideológico.

Más allá de que aun perduren y luchen algunas ideas de la pasada Guerra Fría, las naciones no corren hoy riesgo de desaparecer sino todo lo contrario. Contrariando las profecías de Marx, todos los años vemos surgir nuevos estados, y fortalecerse los más viejos. Gellner incluso sostiene que los próximos siglos serán testigos de la primacía de los nacionalismos. La pregunta a formularnos entonces es otra muy distinta.

MAS QUE NUNCA REPENSAR LA DERECHA

Habiendo realizado el análisis debido, debemos más que nunca repensar nuestra propia esencia, ya que hemos demostrado que el discurso nacional, si bien es indispensable y forma una idea de unidad en la población de un estado, puede estar dominado por premisas sociales que son completamente ajenas a nuestro código valórico. Veamos un ejemplo de lo que queremos decir. A nadie se le ocurriría pensar que bajo la cultura chavista el estado nación venezolano está haciendo a punto de disolverse, ya que la premisa nacional es uno de los grandes componentes del régimen. Nos sería casi imposible pensar al chavismo sin su retórica nacionalista. ¿Podríamos acaso imaginarnos a la Cuba de Castro sin las manifestaciones nacionalistas de su promocionado 1 de mayo?

Cuado escuchamos a ciertos referentes de la derecha ideológica (y vaya que les cuesta denominarse como tales) decir que se pierde a diario “el sentir nacional”, deberíamos pensar que a lo que en verdad se refieren es al corrimiento del nacionalismo hacia la izquierda del pensamiento. Los nostálgicos del pasado de aquel “fuerte nacionalismo popular” no es más que la añoranza de las épocas en que ser nacionalista implicaba además tener una cultura de derechas.

Este vaciamiento del discurso en la derecha ha llevado a que todos los códigos populares, identitarios y por ende nacionales son capitalizados hoy por la izquierda.

¿Debemos una vez más recordar que hace décadas la intelectualidad de derechas se fue a dormir la siesta? Creemos que no. Las décadas de embrujo paralizante que traemos sobre las espaldas nos enseñan una vez más, que no hay peor derrotado que el que no deseó dar pelea.

Pensar que se ostenta el monopolio del nacionalismo es una irrealidad, y las derechas se pueden permitir todo menos alejarse de la realidad. Algunas de las razones para esto fueron esbozadas, y se puede agregar muchas más, pero no hacen a la cuestión. Es esa dimensión trascendente, inmaterial, ese destino en común, esa comunidad con una tradición clara, lo que le da contenido al nacionalismo que reivindicamos, y estas características son valóricas, relacionadas con lo que es ser de derecha, más allá del nacionalismo. Ahí radica la cuestión central.

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¿ARTE? Noviembre 6, 2009

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¿ARTE?

 

JULIO S. ALOVE

 

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Hace unos años se realizo una muestra de los trabajos de “Bellas Artes” en las calles de Montevideo. Cuando me paré frente a cada escultura, me pregunte hasta el hartazgo cual era el significado, que representaban esas formas inconexas, cual era el mensaje, donde estaba la belleza.

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El escritor español J.J. Esparza realizo lo que él llama “los ocho pecados capitales del arte contemporáneo”, analizando esta realidad, y explica los resultados de la misma:


“es la primera vez que pasa en la Historia. Nunca antes una sociedad había creado un arte en el que no se reconoce la inmensa mayoría de esa misma sociedad. Nunca antes una sociedad había creado un arte donde lo monstruoso, por su propia condición de monstruoso, pudiera ser reconocido como arte. Esto no ha aparecido por generación espontánea; es el final de un camino. A lo largo de ese camino se crearon muchas y muy grandes cosas, y también se abrieron muchas posibilidades, pero el hecho es que estamos donde estamos”.

Estos son los ocho pecados capitales del arte contemporáneo:

Uno, la búsqueda obsesiva de la novedad: es un fenómeno específicamente moderno que empieza a ser letal cuando la novedad se convierte en único objeto de la búsqueda expresiva del creador.

Dos, la desaparición de significados inteligibles: un rasgo que no tiene que ver tanto con la representación realista del mundo como con la desaparición de códigos compartidos por el creador y el espectador.

Tres, la transversalidad de los soportes: cuando cualquier cosa sirve para hacer arte –latas de conserva, macarrones, paquetes de cigarrillos-, es fácil terminar llamando “arte” a cualquier cosa.

Cuatro, la tendencia a lo efímero: sólo la sociedad contemporánea ha convertido la circulación acelerada de objetos, su caducidad y aniquilación, en base del propio orden social, y el arte no escapa a la regla.

Cinco, la vocación nihilista de la cultura contemporánea: desde las grandes revoluciones modernas, todo nuestro camino colectivo ofrece el aspecto de una carrera desenfrenada por destruir cualquier referencia sólida, estable.

Seis, la sintonía con un poder concebido como subversión: este tipo de arte se corresponde con un poder que se enmascara tras el discurso del cambio permanente, de la continua mutación como ceremonia del progreso.

Siete, el naufragio de la subjetividad del artista: si el arte es expresión, y por tanto comunicación, hoy encontramos que el artista, sometido a una presión cada vez mayor de su subjetividad, es incapaz de hacerse entender.

Ocho, la obliteración absoluta de la pregunta por la belleza: en todo este camino, nadie parece tener en cuenta la vieja convención que atribuía al arte la misión de aprehender la belleza; incluso se considera como algo retrógrado, también perverso.

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En una entrevista a Jean Claire, este se lamentaba: “¿Cómo temblar de emoción ante el sutil erotismo de una virgen renacentista si hoy con un clic tienes miles de imágenes pornográficas de todas las perversiones imaginables? No soy un hipócrita. Yo soy carnal, y la pornografía me atrae, pero sé que pagamos un precio en sensibilidad por ella; como lo pagamos en densidad vital por la facilidad con que sobrevivimos

El escritor argentino J.P. Vitali nos habla del arte como reflejo de época y resultado de los valores que la civilización a elevado como suyos:El arte refleja la altura espiritual del hombre. El mármol, la palabra, la pintura, la arquitectura llevan en sí la estatura de su tiempo. Es materia ordenada según un orden que la ha creado, y que la recrea en función de los cánones de la creación original, con la sagrada conciencia de cuál es el sentido de hacerlo: elevar el espíritu humano”.
El relativismo, por el cual todo puede ser puesto en tela de juicio, el culto a lo novedoso como rechazo al pasado (incluido el pasado artístico que tenemos como herencia), el igualitarismo que trae la idea de que “todo es arte”, que es como decir que nada lo es, han creado un monstruo al que le llaman Arte Contemporáneo, y al cual esta prohibido criticarlo so pena de ser catalogado de “clasista”, “aristocrático”, “prejuicioso”, todos ellos aprontes del viejo y siempre utilizado “facho”. Cuando busquemos responsables de lo que es el arte actual, solo bastara con pensar quienes promueven, ideológica, financiera, mediática y educativamente esto: los “progres”

 Pero esta realidad no nos tiene que mortificar, ¡arriba ese animo! Un poco de humor nunca viene nada mal.

 

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REDESCUBRIENDO A FOUCAULT Noviembre 5, 2009

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REDESCUBRIENDO A FOUCAULT

 

Una crítica a la idea lineal del progreso.

 

 DIEGO MARTIN PEREIRA

 

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Michel Foucault es uno de los filósofos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Sus teorías, que representan una dura crítica a las formas en que las sociedades modernas se organizan, han sido reivindicadas en más de una oportunidad por intelectuales y políticos de izquierda. Pero una aproximación más minuciosa a Vigilar y castigar –una de sus obras maestras- nos demuestra que poco tienen que ver sus planteos con las ideas de izquierda o marxistas, y que al contrario de lo que cabría esperar, estas últimas no sólo han desoído las advertencias planteadas por el filósofo francés, sino que han actuado a contrapelo de las mismas.

Vigilar y castigar, publicada en Francia en 1975, se propone como objetivo realizar –en palabras del mismo autor – “una historia correlativa del alma moderna y de un nuevo poder de juzgar”. Para esto, Foucault se centra en las causas de los cambios ocurridos a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX en lo referente a la justicia penal, “la atenuación de la severidad penal”.  

En general, tanto la izquierda marxista como la izquierda liberal interpretan estos cambios en la penalidad como un resultado del reconocimiento, por parte de la burguesía, de las libertades y derechos de todo individuo, emanados estos de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 (antecedente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948). Este razonamiento va de la mano con un modo privativo de entender la historia de las sociedades por parte de la izquierda, esto es, la historia como sinónimo de evolución y progreso: la justicia penal luego del siglo XIX es menos severa debido a un “progreso” de la humanidad, ahora es menos cruel, más benigna, más respetuosa y más humana.

Foucault revisa esta interpretación progresista de la historia y establece que la benignidad de las penas se debe menos a una “nueva sensibilidad” que a “otra política con respecto de los ilegalismos”.

Tradicionalmente el poder residía sobre el monarca, y los efectos de este poder no hacían más que glorificar su imagen, hacerlo más grande, más perfecto, más necesario. Por contrapartida, los súbditos permanecían en la oscuridad, pues ese poder del soberano no recaía de forma uniforme sobre el corpus social, la mayoría de la población en realidad escapaba de él. “Se puede decir esquemáticamente que bajo el Antiguo Régimen, los diferentes estratos sociales tenían cada cual su margen de ilegalismo tolerado”.

Es en la segunda mitad del siglo XVIII cuando este proceso tiende a invertirse, a medida que la burguesía conquista cada vez más espacios de poder:

                 Adoptada en parte por la burguesía, despojada de las cargas feudales que pesaban sobre ella, la propiedad territorial se ha convertido en una propiedad absoluta: todas las tolerancias que el campesino había conseguido o conservado (abandono de viejas obligaciones o consolidación de prácticas irregulares: derecho de pasto en común, aprovechamiento de leña, etc.) son ahora negadas y perseguidas por los nuevos propietarios, que la estiman infracciones puras y simples   (provocando con esto, entre la población, una serie de reacciones en cadena, cada vez más    ilegales o si se quiere cada vez más criminales: rotura de cercados, robo o matanza de ganado,  incendios, violencias, asesinatos) (…) Si este ilegalismo lo soporta mal la burguesía en la                propiedad territorial, se vuelve intolerable en la propiedad comercial e industrial.

MODERNIDAD Y DISCIPLINAMIENTO

            Por lo tanto, el antiguo arte de castigar ante el cual hoy en día nos escandalizamos y que servía como una demostración del poder ilimitado, pero al mismo tiempo irregular, del soberano, mudó en su objetivo y cambió su escala dando paso a la modernidad tal como la entendemos hoy:

                Regularizar, afinar, universalizar el arte de castigar. Homogeneizar su ejercicio. Disminuir su costo económico y político aumentando su eficacia y multiplicando sus circuitos. En suma,  constituir una nueva economía y una nueva tecnología del poder de castigar: tales son sin duda, las razones de ser esenciales de la reforma penal del siglo XVIII.

            En efecto, la burguesía logró organizar de manera fenomenal una nueva forma de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas e inclusive de manipular sus fuerzas, y cómo si esto fuera poco, al mismo tiempo le sirvió para echar las bases de las libertades modernas de las cuales se ufanan de haber creado. No hay nada de positivo en este progreso de hecho, sólo hay un medio, una estrategia: la disciplina.

A partir de entonces, el cuerpo ya no será el objeto de la operación punitiva, sino el alma, “a la expiación que causa estragos en el cuerpo debe suceder un castigo que actúe en profundidad sobre el corazón, el pensamiento, la voluntad, las disposiciones”. Es así que mediante ejercicios, maniobras, calificaciones, clasificaciones, exámenes y registros, y bajo la vigilancia de distintos agentes (policías, maestros, médicos, sociólogos y psicólogos) se han conformado las sociedades modernas. ¿Libres? Quizás, ¿disciplinadas y dóciles? Sin duda. El mundo Orwelliano de 1984 no es más que –en términos de Weber– un tipo ideal del mundo actual.

Lo que hoy se esconde bajo el rótulo de progresismo, inclusión social o integración, no es más que el refinamiento de una gigantesca maquinaria de vigilancia panóptica de la cual formamos parte. Pero Foucault va más lejos aún y afirma que es la propia idea de entender el tiempo de manera lineal-progresista, la consecuencia directa de la aplicación de los procedimientos disciplinarios. Así lo explica en uno de los párrafos centrales de su obra:

                Los procedimientos disciplinarios hacen aparecer un tiempo lineal cuyos momentos se integran    unos a otros, y que se orienta hacia un punto terminal y estable. En suma, un tiempo “evolutivo”.    (…) en el mismo momento las técnicas administrativas y económicas de control hacían aparecer un tiempo social de tipo serial., orientado y acumulativo: descubrimiento de una evolución en términos de “progreso”. En cuanto a las técnicas disciplinarias, hacen emerger series  individuales: descubrimiento de una evolución en términos de “génesis”. Progreso de las sociedades, génesis de los individuos, estos dos grandes “descubrimientos” del siglo XVIII son quizá correlativos de las nuevas técnicas de poder, y, más precisamente, de una nueva manera de                 administrar el tiempo y hacerlo útil, por corte segmentario, por seriación, por síntesis y   totalización. Una macro y una microfísica de poder han permitido (…) la integración de una  dimensión temporal, unitaria, continua, acumulativa en el ejercicio de los controles y la práctica de las dominaciones. La historicidad “evolutiva”, tal como se constituye entonces (…), está vinculada a un modo de funcionamiento del poder. Igual que, sin duda, la “historicidad- rememoración” de las crónicas, de las genealogías, de las hazañas, de los reinos y de los actos  había estado largo tiempo vinculada a otra modalidad de poder.

                Finalmente, uno de los aspectos más importante de Vigilar y Castigar, es el referido a las prisiones. En la actualidad, ya vengan de liberales o progresistas, ante el fracaso estrepitoso de las prisiones como instrumento para la represión de las infracciones y readaptación de los criminales, las soluciones que proponen nunca ha puesto en duda la propia prisión como herramienta, sino que por el contrario, se ha reafirmado su utilización y se han depurado sus funciones. “Las prisiones no disminuyen la tasa de criminalidad: se puede muy bien extenderlas, multiplicarlas o transformarlas, y la cantidad de crímenes y de criminales se mantiene estable o, lo que es peor, aumenta”.

¿Por qué entonces las prisiones se han mantenido invariablemente a pesar de tal estrepitoso fracaso? La respuesta para esta interrogante según Foucault se encuentra en el hecho de que en realidad tal fracaso no existe, porque el verdadero objetivo que persiguen las prisiones no es el de reprimir y rehabilitar, sino el de fabricar delincuentes. Ahora bien, ante tal respuesta, surge la pregunta obligada: “¿Por qué y cómo la prisión sería llamada a desempeñar el trabajo de fabricación de una delincuencia a la cual se supone que combate?” Para Foucault esta delincuencia constituye un “tipo especificado, forma política o económicamente menos peligrosa –en el límite utilizable– de ilegalismo (…) delincuente como sujeto patologizado” y aparentemente, esta delincuencia fabricada especialmente dentro de las prisiones ofrece  ciertas ventajas:

            La delincuencia, con los agentes ocultos que procura, pero también con el rastrillado generalizado que autoriza, constituye un medio de vigilancia perpetua sobre la población: un   aparato que permite controlar, a través de los propios delincuentes, todo el campo social. La               delincuencia funciona como un observatorio político. A su vez, los estadísticos y los sociólogos han hecho uso de él, mucho después que los policías.

                La inseguridad, aunque se la utilice como arma política contra el gobierno de turno, sirve a este último para efectivizar su control sobre la población: más efectivos en las calles, más presupuesto para seguridad, tecnificación de la policía, colocación de cámaras de vigilancia por toda la ciudad, controles más estrictos en los espectáculos públicos y un sinnúmero de propuestas de la misma especie han sido comunes tanto para progresistas como para liberales o reaccionarios. Por supuesto que la prensa también cumple su papel en el mismo sentido:

            La crónica de sucesos criminales, por su redundancia cotidiana, vuelve aceptable el conjunto de controles judiciales y policíacos que reticulan la sociedad; refiere cada día una especie de batalla interior contra el enemigo sin rostro, y en esta guerra, constituye el boletín cotidiano de alarma o de victoria.

                En definitiva, Foucault nos hace repensar seriamente nuestras sociedades, y si bien la izquierda lo ha considerado uno de sus más valiosos referentes, ella debiera revisar cuidadosamente sus fundamentos filosóficos antes de realizar tales afirmaciones. Por supuesto que tampoco puede ser considerado un autor de derechas, el propio filósofo ante esta cuestión respondió una vez: “No me pregunten quien soy, ni me pidan que siga siendo el mismo”. Pero lo que si puede quedarnos claro es que hubo un momento en nuestra historia en el que se invirtió todo un sistema de organización social, no hubo un progreso ni una evolución, sino un gran cambio que inclusive tuvo signos de retroceso. Es verdad que un campesino medieval se asombraría hoy en día ante los adelantos técnicos de nuestra civilización, pero no se asombraría menos al saber que cada uno de nosotros estamos identificados, registrados y hasta numerados.

Estas reflexiones finales del filósofo francés nos refrescan nuevamente en que han devenido estas pretendidas sociedades libertarias de cuño progresista:

            Nuestra sociedad no es la del espectáculo, sino de la vigilancia; bajo la superficie de las imágenes, se llega a los cuerpos en profundidad; detrás de la gran abstracción del cambio, se persigue el adiestramiento minucioso y concreto de las fuerzas útiles; los circuitos de la comunicación son los soportes de una acumulación y de una centralización del saber; el juego de los signos define los anclajes del poder; la hermosa totalidad del individuo no está amputada, reprimida, alterada por nuestro orden social, sino que el individuo se halla en él cuidadosamente fabricado, de acuerdo con toda una táctica de las fuerzas y de los cuerpos. Somos mucho menos griegos de lo que creemos. No estamos ni sobre las gradas ni sobre la escena, sino en la máquina panóptica, dominados por sus efectos de poder que prolongamos nosotros mismos, ya que somos uno de sus engranajes.

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